Puertas

Puertas. En mi casa siempre se azotan la puertas. Misósofos cierra la suya con llave. Le gusta. Su padre era cerrajero y otras cosas más. Mateo duerme con la puerta abierta. Yo no puedo. Kenji lo hace cuando llega muy borracho, pero apenas la deja entreabierta. En verano, las puertas de la terraza están siempre abiertas. En invierno, sólo la del baño. Por eso se azotan: basta con que alguien abra una ventana para que se haga una corriente de aire.

En casa de mi padre, la primera que construyó, no había puertas en el interior, sólo umbrales. A mi padre le gusta construir casas y cosas. Pero siempre tarda con las puertas. En la primera casa ni siquiera recuerdo cuánto tiempo pasó para que hubieran puertas, en su lugar había cortinas en los umbrales, de manera más oriental. Cuando las hubo, las cerraduras tardaron casi tanto como las puertas. Mientras tanto, se atrancaban con un trapo. Seguro que eso no pasaba en casa de Misósofos. Tampoco en la de mi madre.

A mi madre también le gusta construir casas. Pareciera que están compitiendo, pero yo sé que no es así, sólo les gusta construir cosas. Acompañados. Mi padre por Naty, mi madre por Juan. Pero a mi madre sí le gustan las puertas. Con cerradura y todo. Ella antes de mudarse a la casa en la que construyó, puso todas la puertas, ventanas, armarios, y todos acabados. Los detalles que decía que faltaban, yo no los podía percibir la primera vez que llegué de Francia.

Mi padre me llevó a cuidar la casa que tenía ventanas y puertas exteriores pero que estaba vacía por dentro, para cuidarla por la noche, sin electricidad, sin luz, dentro del cascarón, porque habían intentado robar el calentador y otras herramientas. Cavamos la fosa séptica a punta de pico y pala. Es decir, no es por pereza que no puso puertas tampoco en la segunda. Es sólo que las puertas para él no eran imprescindibles. Cuando las hubo, siempre estaban abiertas. Mis hermanos crecieron con las puertas abiertas, todos. A mí, siempre me gustó cerrarla, supongo que porque me gustaba esconder cosas y eso ayudaba. Ahora no escondo nada, pero siempre cierro la puerta, o al menos no escondo lo mismo que antes.

La puerta está siempre cerrada cuando estoy dentro, pero las ventanas están casi siempre abiertas. No me gusta que se acumule el humo y siempre fumo en la habitación. Suelo usar la ventana como puerta para ir hacia la terraza.

En la terraza, hay cuatro puertas, pero ninguna da hacia afuera. Dos son las que llevan hacia la casa. Las otras, hacia el interior de una pequeña cabaña, la cual, por estar hecha de metal no debería llamarse así, pero es el nombre que le dieron en francés. Así figuraba en la etiqueta de la caja que está adentro de lo que antes tuvo dentro.

En el colegio en el que trabajo tengo dos llaves. Una abre casi todas las puertas de los salones, menos la de los laboratorios; y la otra una de las puertas que da hacia una especie de jaula. Incluso si abriera aquella puerta, los alumnos no podrían salir si el conserje no abre la otra puerta que se abre a distancia, con un mando eléctrico común. Él pasa todo el día abriendo la puerta y relevó a su madre en el puesto.

Misósofos también abre la puerta. Sólo que él no tiene la certeza de encontrarse a energúmenos de la misma naturaleza cada vez, pues trabaja como recepcionista de noche en un hotel. No. Los del colegio son todos franceses de todos los colores, pero dentro de un rango definido de edad que oscila entre los once y los quince años. Los del hotel son de cualquier nacionalidad y por la noche sufren la misma transformación que sufren los adultos licántropos afines a la fiesta. Por eso le jode abrir la puerta. Por eso y porque los vagabundos a los que había decidido ayudar, terminaron por armarle un desmadre en la recepción. Por eso y porque le dijeron que en Navidad había más robos. Por eso y porque tiene sueño a fuerza de no dormir bien y cualquier problema es más grande cuando uno tiene ganas de estar acostado.

Una vez cuando abría la puerta vi a mis padres fornicando. No me quedaron ganas de volver a ignorar el ruido interior cuando abro una puerta. Prefiero tocar.

Ni en casa de mi padre, ni en la de de mi madre, fueron suficientes las puertas y los barrotes. Los ladrones hicieron necesaria la edificación de una barda. Es una lástima que no vivan en un país donde las casas puedan tener sólo una verja. No depende nosotros el momento y el lugar en el que nacemos. A mi madre le gustaría.

Cuando estaba en Barcelona, en un hotel, me encontré una llave pegada a una puerta. La agarré y bajé a la recepción para devolverla. Estuve esperando media hora pero la recepcionista no parecía tener para cuándo darme dos segundos de su tiempo, ocupada con el registro de un grupo de belgas como estaba. Decidí que la llave no estaba lista para regresar.

Aquella noche fui a la playa, con la llave en el bolsillo. Tuve tiempo de olvidarla. Cuando regresé y subí por el cubo de la escalera, recordé su origen y abrí la puerta. Había tres repisas con sábanas, toallas, ventiladores, radiadores, herramientas y otras cosas que no recuerdo en aquel cuarto azul celeste. Cerré la puerta y baje a devolver la llave.

El mayor temor de mi madre durante la infancia, no estaba detrás de una puerta, pero tenía una en su sistema, si se la puede llamar así. Era el sarcófago de la bisabuela que estuvo en el pasillo durante una década antes de que muriera. Todo porque cuando un sobrino, seguro de no volver a verla, al borde de una migración como estaba, le preguntó qué es lo quería, y ella dijo que un féretro. Pidió eso porque casi toda su vida conoció la pobreza, aunque para su vejez, su trabajo había germinado en todos sus hijos. La situación era más próspera, pero algunas cosas no se borran, y ella, previendo un gasto inesperado como es la muerte de alguien y los gastos que se desprenden de ella, quiso facilitarles las cosas, y pidió su féretro. Tenía por aquel entonces noventa y dos años, le quedaban diez que ya no esperaba.

De acuerdo con mi madre, nadie lo abrió nunca. Al menos no que ella hubiera visto, antes de ver a la abuela descansando en él, para cerrarse definitivamente.

Rompí la llave de la puerta de mi casa en la cerradura. Tenía que irme a trabajar y dejé a todo el mundo atrapado dentro, a causa de una puerta abierta.

Anoche soñé que había un libro con el título “puertas”. Lo miraba de reojo y me pareció lógico que se tratara de una recopilación de cuentos. Consulté mi bolsillo y estaba vacío. La idea del texto que estaba escribiendo me parecía súbitamente menos original, después de todo, hay puertas en todas partes. Salí de la librería por la puerta pensando en el libro, y en que de cualquier manera, este texto, ya está escrito, y me fui a mi casa, sin el libro que hablaba de las de puertas de otros. Después, la puerta de la realidad se abrió, y ya no sé qué pasó en el sueño, porque tenía que trabajar.

______________________________________________

Laisser un commentaire

Entrez vos coordonnées ci-dessous ou cliquez sur une icône pour vous connecter:

Logo WordPress.com

Vous commentez à l'aide de votre compte WordPress.com. Déconnexion /  Changer )

Photo Google+

Vous commentez à l'aide de votre compte Google+. Déconnexion /  Changer )

Image Twitter

Vous commentez à l'aide de votre compte Twitter. Déconnexion /  Changer )

Photo Facebook

Vous commentez à l'aide de votre compte Facebook. Déconnexion /  Changer )

w

Connexion à %s