Vitalidad desesperada

Yo fui educado con odio
y odiaba la humanidad
un día me fui con los hippies y
tuve un amor y también mucho más.

Ahora no estoy más tranquilo,
y ¿por qué tendría que estar?
Todos crecimos sin entender
y todavía me siento un anormal.

Hoy pasó el tiempo,
demoliendo hoteles
mientras los plomos juntan los cables
cazan rehenes.

Charly García, Demoliendo hoteles, Piano Bar, 1984.

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Il ne me reste que cela,

une vitalité désespérée.

Passolini, cité par Bachelard, conférence sur L’air et les songes, 1943

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Eso es lo que queda,

aventarse contra las paredes,

intentando salir, pero no puedes,

porque hay una puerta,

pero está cerrada,

hay amarras,

aunque los nudos no se vean,

aunque haya cuatro muros blancos

y un trampolín de piso,

hay un techo que no te deja volar,

y habrá que romperlo a dentelladas,

con los puños o a patadas,

Porque es un hotel lleno de dentistas

que te quieren sacar todas la muelas,

todos los sueños con sacacorchos,

tratando de adormecerte con el cloroformo

de una vida de trabajo

para comprar cosas inútiles,

que muchas veces ni siquiera se pueden tocar;

o bien negándote la posibilidad

de pagarte tu pan

para que, mientras buscas la plata,

no salgas de esa pieza

con tus ideas de carnavales,

de justicias, de delicias de mejores días,

sin miserias innecesarias, ni hambres,

ni hombres que quieren todo,

para que los otros no tengan nada,

y ser ellos los reyes.

El que ha hecho daño, lo sabe,

y teme sobre todo la venganza,

regicidio,

la esperanza

de los otros,

de verlo morir,

de verse volar

y poder comer.

Preparar el salto con dos vuelos,

con dos o tres duelos,

con una pizca de dolor de muelas,

con ampollas en las suelas,

zapatos-pies,

del suelo elástico,

trampolín,

tanto han ido los pies al cántaro,

y éste al agua-salto

que alguna pared acabará por romper

la cabeza, o ésta, una pared.

Azotar el cuerpo,

aunque sea por un momento,

mejor que vivir encerrado,

hay un trampolín,

error táctico

de los que quieren encerrarnos,

porque en unos cuantos miles de años

se habrá mutado,

para volar.

La vitalidad desesperada,

la animalidad encarnada

con una pizca de instinto,

para crear mil intentos,

diez mil estrategias,

para encontrar las fisuras,

los nervios de los cimientos

hasta demoler todos los hoteles,

las cárceles, las murallas,

las fronteras humillantes,

dique de los migrantes,

que sólo quieren vivir mejor,

aunque no sea en casa.

si algo no sirve, hay que empezar

desde antes,

si algo no sirve, no lo arregles

y sigue demoliendo los hoteles

como hacía Charly García.

Vitalidad desesperada,

pared en llamas,

con las palmas desgarradas

que se frotaron hasta el incendio.

Vitalidad desesperada,

la voluntad amurallada,

que no se deja amedrentar

por la idea abstracta del capital.

¿Cómo le digo a mi abuelo,

cómo le digo a mis muertos

que trabajaron tanto

para dar sustento

a los que salieron de su encuentro,

esperando que el mundo fuera menos cruento

y que sus vidas bastaran para paliar

el hambre y el viento,

la lluvia y eso que llaman infierno,

cómo les digo que no basta?

¿Cómo les digo que eso no existe

que la realidad

es eso que llaman dinero,

pero que ya tampoco es un objeto?

¿Cómo le digo a mi viejo

que gracias a su claridad

comprendo lo que comprendo

y no me tambaleo

en la marea,

sé que la luna tiene algo que ver,

que gracias a lo que hizo,

del hambre al hombre

con la dignidad que debe tener

y cultivando y enseñando a cultivar flores,

que es difícil saberse tan pequeño

ante tantos enemigos,

ante tantos desafíos,

ante los rìos tormentosos

de hombres poco generosos

que pueden ver morir a otros

sin cerrar los ojos?

No se puede,

porque la vitalidad desesperada

nos invade,

el trampolín rechina,

con un tempo lento,

salto-viento,

contento,

confiado,

confianza,

confundido

por los golpes de la cabeza

contra el muro frío,

salto-río,

corriente,

desafío,

con la puerta a la otra orilla,

como un cascarón, cabrón,

renaceré para sacarte los ojos,

mil veces,

hasta que aprendas a vivir en paz,

dejando brotar lo que nos hace humanos,

para comer con las manos,

las mejores delicias,

¿para eso lo querías?

¿No sabías que los puercos

no tienen pulgar antepuesto?

Apuesto que no en supo a gran cosa,

la belleza

escurre por las pezuñas,

es sabido,

ve a tu cuchitril,

y déjanos en paz,

demoleremos éste hotel de locos.

________

Y aquí el video que inspiró en gran parte éste poema, Yoahn Bourgois, Cavale

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