Disfraz de encendedor

Le Chat de la Méditerranée, 1949. Huile sur toile 127 X 185 cm, Balthus.

Un sonido estalla. Me doy cuenta a la velocidad de la luz, y sin dejar de avanzar de mi cuarto hacia la cocina, que no viene de mi cuerpo, ni del contacto de mismo con el mundo exterior. No ha sido afuera, porque ha sido demasiado claro, ni detrás de mí.

Fue una ruptura del silencio instantánea, comenzó y se acabó mil veces más rápido que el tiempo en que he escrito esta frase. La consecuencia inmediata en aquella cadena de micro momentos, era que aquella vibración diminuta contradecía mi convicción de estar solo en la casa que comparto con tres amigos.

Y esto porque escuché un ruido de piedra de encendedor siendo activada por un dedo jalando hacia atrás, para tallar el grafito sujetado por el extremo del resorte diminuto, provocando una chispa que no vi, pero que imaginé con todo detalle, así como la flama cerrando mi pupila.

Por el ángulo del cual provenía, tenía que ser Kenji. A Maeva y a Laurent los había visto salir y había escuchado sus planes para la tarde. Después recordé que Kenji acababa de salir también y que no podía haber regresado sin que hubiese escuchado la puerta de entrada que está prohibida hasta para los ladrones más finos de tanto ruido que hace.

Pero enseguida me di cuenta que no era más que la gata, Nina, comiendo sus croquetas, cuando el sonido se repitió un segundo más tarde cuando estaba de espaldas y sólo tuve que voltear para confirmarlo y saber que, siempre sí, tenía casa sola, que aquel ruido veía de unos colmillos y no del encuentro de un dedo y una piedra.

Con esta certidumbre en el bolsillo me pregunté si el gato de Balthus comiendo los pescados del arcoíris harían el mismo ruido, o si en realidad nunca se los comió, por estar posando para el cuadro y desde 1949, maldiciendo a Balthus por no haberlo puesto dándole una dentellada al menos a uno de los pescados que desfilan, circulares, frente a él. O bien a la chica de la canoa, o al arcoíris, pero no ese gesto de ganas de comerse el mundo, y no poder hacerlo, por haberse hecho el guapo y acabar como modelo de ese extraño brujo del pincel.

 

Laisser un commentaire

Entrez vos coordonnées ci-dessous ou cliquez sur une icône pour vous connecter:

Logo WordPress.com

Vous commentez à l'aide de votre compte WordPress.com. Déconnexion / Changer )

Image Twitter

Vous commentez à l'aide de votre compte Twitter. Déconnexion / Changer )

Photo Facebook

Vous commentez à l'aide de votre compte Facebook. Déconnexion / Changer )

Photo Google+

Vous commentez à l'aide de votre compte Google+. Déconnexion / Changer )

Connexion à %s