Todo menos como un cigarrillo

crab_nebula

Nebulosa del cangrejo, constelación de Tauro

Poeta del instante,

sentado en una banqueta,

es lo único que eres,

que te llamen farsante,

pagas tu comida y tu renta,

recuerda,

si no eres palabras,

¿A dónde vas con todos esos ojos

y tan cabizbajo ?

Eres mancha de plástico fundido,

escape de auto,

pulmones quemados,

ciudad y tabaco.

Hiere el humo,

hace llorar.

Eres azul,

y azul-amarillo,

ni siquiera verde,

violeta a la vista,

rojo de sombra,

que te coman para que no pienses,

que te muerdan un ojo,

que te arranquen las uñas,

alguien.

¿O tú ?

Ciudad de la furia,

lávale el asco de sí mismo

con lluvia ácida,

con una multitud de hora pico

saliendo de un vagón

a causa de un cable roto.

Ya no quiere mancillar las horas insípidas,

intoxicado con sutilezas insoportables,

con miserias diseminadas por todo el mundo.

Tiene demasiados oídos y manos,

escucha las estaciones en las que no se baja,

ni él ni nadie de los que conoce,

porque no nacieron del lado adecuado;

palpa las tierras demasiado calientes

para un corazón moribundo,

siente la agonía de todos los vagabundos,

gitanos, punks con perros,

inmigrantes nuevos,

niños callejeros ;

huele el alcohol con cien narices,

el que les sirven en cada esquina

para dejar de pensar en el dinero,

esa ave de mal agüero,

con tantos cuervos a su cargo ;

oye las notas blues de todos los ghettos,

y de todas esas plazas amplias de los barrios ricos

donde el alma se enfría

con la más mínima ráfaga

y él no lleva el abrigo que le dio su abuela antes de morir,

para cubrirlos a todos.

Ciudad de pobres corazones,

Cierra tus calles de bocas que no besan,

de añoranzas,

y abre un encuentro, dale un cometa.

Tiene ganas de morir en un bostezo.

Dile que hay balcones amplios,

aunque no tengan barandal

y que no por eso debe ceder al abismo,

como en el metro al que ya no va,

sólo se debe respirar y disfrutar del panorama.

Dile que no hay escapatoria,

que la soledad no admite treguas,

y el pasado tampoco,

que no hay que olvidar que no se debe olvidar

que uno está ahí.

Pero que el futuro no existe,

por eso está ahí lo que se busca atrás,

maldita memoria que no para,

gotera de su alma,

fuga,

y el resto, que es mayoría,

está en el presente,

dile.

La olvidó, se olvidó y estaban juntos,

la vida y él,

las razones sobran,

pero no ha muerto.

Háblale de calles desconocidas,

y de las almas relucientes

que no ha recorrido,

para lavar juntos las amarguras

y tejer treguas

para construir su propia casa,

a punta de amistad,

porque lo demás es soledad,

de aquella que se parece a una fruta a punto,

de la que deja construir universos,

al interior de sí mismo,

y después  pensar en un mundo mejor,

muerto, está cabrón.

Y, si ha de morir,

que sea en un estallido,

supernova interna

en la discreción de un lecho de mortuorio,

y no con el rictus agridulce

de un cigarrillo que se apaga,

olvidado por alguien en un cenicero,

alguien que ahuma su nostalgia

a fuego lento,

boxeando con su sombra,

perdiendo aliento,

contra nadie y nada,

y consumiendo su vida en la falta de intento.

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