¿Un pollo?

52606-graffiti-maquisart-comTodavía no estaba curado, pero las cosas iban mejor. Hacía un año y medio que era soltero en París y que las cicatrices comenzaban a ser un recuerdo. En vez de pensar en el pasado, no sabía dónde iba a pasar al día siguiente, pero no me daba miedo. Una cosa a la vez. Algo iba mejor. Miraba donde ponía los pies, pero no los veía, así que cualquier paso me daba igual, era bienvenido, mientras fuera movimiento. Y algunas veces pasaban cosas que no había pensado, como la chica que te quiere hablar y que piensas que está esperando a tu amigo. Así nos conocimos, un poco tímidamente, en la calle de Rivoli, en el 59. Pensando que no llegaríamos a conocernos, y sin embargo, tres años pasaron.

Una de las primeras veces que vino a mi casa, donde vivía desde hacía cinco años, el carnicero que me veía pasar todos los días y a quien le compraba de vez en cuando, para evitar cocinar algún domingo de cruda, me detuvo mientras regresaba del metro, después de acompañarla y me dijo :

– Toma, – al mismo tiempo que me daba un pollo envuelto en una bolsa de papel blanco con un pollo marcado encima, para los tontos, al cual se sumaba la bolsa rosa de plástico con los detalles de su empresa, como los que le había comprado en algunas ocasiones- y le puse unas papitas.

Yo venía pensando en ella y en que a veces la vida te sonríe y tienes suerte, pero, ¿el pollo ? No supe cómo interpretarlo en el momento, así que lo agarré, le di las gracias y seguí mi camino. La verdad es que estaba tan lleno de las sensaciones de ella, aromas, amores, colores, fondos y formas, filiformes, como el primer hilo de luz de un día feliz, que ni siquiera había pensado en lo que comería aquel domingo. Es por eso que me pareció una de esas coincidencias para que te den ganas de seguir la vida y me llevé el pollo a casa cuando el verano asomaba la cabeza, mayo o algo así. Las fechas felices, a veces son difíciles de fijar.

Fue cuando llegué a mi casa preguntándome cómo me lo iba a comer y con qué, que me dije : ¿Por qué me dio un pollo ? Estábamos él, muerto y sin plumas, y yo, vivo, frente a una mesa cuadrada con un mantel de cuadrados rojiblancos, en una cocina con más cuadrados en el piso, rojos y blancos también, y otros más rosados sobre las paredes de la fea cocina setentera de mi morada, y fue sólo entonces, viéndolo fuera de la bolsa y en un plato que comprendí :

– Me está diciéndo que mi chica está MUY BUENA, que la miró sin reparos mientras pasamos frente a él, y que le infundió un respeto tal mi conquista, que no podía más que regalarme un pollo con papitas.

Cada quien lo que tiene al alcance. Pensé en indignarme, por el descaro, lo demás me daba igual, pero el pollo estaba ahí y seguiría viviendo en ese barrio unos años más. Los carniceros son malos enemigos, tienen cuchillos. Y nunca me volvió a regalar un pollo, pero tampoco fue irrespetuoso y más bien discreto en las siguientes ocasiones. Me pregunto qué habría hecho él, si le hubiera regalado yo un pollo después de ver pasar a su esposa, pero eso son ecos de gallo que no vale la pena cantar, un pollo sin pedir apoyo, si está rostizado, siempre es el meollo, cuando eres un locoplaya y que cada quien va en su monociclo, sin ofender de más.

 

 

y el monociclo; el gran Bejo

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