Pelando cable

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El sol anunciando la primavera,
las aves libres,
Ivry, al sur de París,
brilla sacudiéndose el invierno,
y él pelando cable,
ahí, en un minipuerto abandonado,
donde el Sena y el Marne
mezclan sus aguas,
donde una pagoda gigante,
para los sueños chinos
de la gente
se erige victoriosa,
como si siempre hubiera estado ahí.
No es por la vista majestuosa
que ha elegido el puesto,
sino porque hay tantas cosas en esa ciudad
que sólo cambia de nombre
pero no de piel,
desde Mantes la Jolie
hasta Melun,
pero ninguna le pertenece,
además de su mochila, su tienda
y su oruga para dormir.
Su orilla es un no lugar,
al lado de un puente sin peatones
y coches eventuales,
en una calle con una estrecha banqueta
que siempre está en obras
pero que nunca arreglan completamente.
Ahí,

pelando cable
al lado de una alcantarilla,
donde no hay ratas,
pelando cable donde no le digan que estorba
o que es una mancha.
No le gusta vender torrecitas
o cualquier tontería,
ni jugar al gato y al ratón
con la policía.
Menos sin papeles
y sin hablar francés.
Pelando cable para sacar el cobre,
para llevárselo al gitano,
que conoció en un lote baldío,
buscando lo mismo que él.
Pelando cable,
a punta de cuchillo,
Ahí donde no hay policías
para acusarlo de haberlo robado,
aunque lo haya sacado de la basura
del recorrido por la ciudad,
de itinerarios y desvíos,
de caminos errados y desvaríos
y encuentros fortuitos,
algunos, vitales.
Pelando cable frente a la pagoda,
entre Sena y Marne,
un muelle en calma.
El sol es para todos y la pagoda
ahí,
y él en la sombra,
pero viendo la luz.
Frente a la luz,
no se aprecia la luz,
los fuegos artificiales
lo prueban.
Fuegos artificiales de pagoda,
bajo el sol de primavera,
como la imaginó el abuelo que la construyó,
blanca y roja,
y algo verde
bañada de luz,
la primera,
la primavera
entre dos cauces,
que casi se la tragan
en un diluvio liviano,
del año pasado,
cuando París temía
que todas la ratas subieran a saludar,
ahuyentando a los turistas
y a sendas carteras.
Entre dos cauces,
Sena y Marne,
y no muy lejos un sauce perdido,
al lado de un estadio,
y las torres llenas de cuadritos
con gente viviendo sus vidas,
en sus treinta y tantos pisos,
dominos gigantes,
que puede agarrar con dos dedos
desde su orilla,
si entrecierra los ojos.
Pelando cable,
tranquilo mientras lo hace,
hilos de cobre a su izquierda
plástico a su derecha,
hilos del tiempo,
del suyo,
pelando cable,
el cobre,
los euros,
sin oro,
quizás en la pagoda esté el tesoro,
te ignoro,
diablito,
robar,
no,
ni con hambre,
o no por ahora,
pelando cable,
pelando cable.
Llegan tres jóvenes
equipados con mochilas,
las bajan.
La única chica se quita el abrigo,
lleva unos jeans muy ajustados
y un top negro.
Los chicos sacan un tripié
y dos cámaras y comienzan
a fotografiarla bajo ángulos,
poses y luces diversas.
La luz es tersa,
Exploran la parte baja de la pagoda,
sus caderas, las escaleras,
los pilares,
los ríos de fondo,
turbios,
sucios,
como están,
pero la luz lo domina todo,
pincel novedoso de la vida,
después de tres meses de cielos
grises y mudos,
sin ayer ni mañana,
como los de está ciudad en invierno.
Edificios,
agua y concreto,
metal y la chica con la silueta perfecta
hasta a cincuenta metros de distancia
la veía,
también la podría agarrar
entre el pulgar y el índice
y llevarla a su muelle,
sólo para platicar con ella,
hace un tiempo que no charla,
porque está pelando cable,
en la otra orilla,
y ella,
una flor a punto de estallar,
posando para crear fantasmas
y vender ropa
o algo falso
y él pelando cable,
mientras ella se muestra como objeto
para ojos futuros,
que la verán,
tan hermosa,
deliciosa como el sol de ese primer
día de primavera,
y él pelando cable,
estable,
lo que ve es lo único
que le pertenece
y que le dura, la memoria,
al menos por unos segundos,
meta estable,
metal,
sin alcohol ni drogas,
sin pensar en la noche,
sino en el kilo de cobre,
sin pensar en los coches,
pelando cable para no volverse loco,
si no se fija en los detalles,
no le teme a la calle,
hasta tiene un muelle,
quizás algún barco se pare,
y vea su gran capacidad para pelar cable,

la paciencia infinita del inmigrante,

que no se improvisa, y lo lleve
para vivir en él, más allá de las fronteras,
Pero mientras,
hay que pelar cable,
al menos el gitano,
él,
sí es fiable.

Une réflexion sur “Pelando cable

  1. ¡Qué tal! Revisando mi blog, encontré algunos comentarios muy amables; wordpress ha cambiado y recién retomé mi espacio. Finalmente llegué a este blog, buscando al usuario: Cualquiera menos yo … me gustaría saber si eres tú o no he dado con la forma correcta de búsqueda. Muchas gracias. 😉

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