Des petites fleures bleues

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Des petites fleures bleues sont arrivées

à peine a-t-on tourné le dos,

en un clin d’œil.

Il a seulement fallu rassembler un tas de terre,

tic-tac !

Bricole simple pour des plans verts

certains réussis

d’autres ratés,

y il a eu des fleurs et des fruits,

de l’herbe,

un palmier,

puis rien,

au moins de notre part.

Rien à craindre,

pas de nostalgie pour un passé plein d’espérances déchues Lire la suite

Todo por un dedo o Parado-de-manos y otras calles

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Un hilo metálico apretaba mi dedo pulgar del pie. Era lo suficientemente  delgado como para cortarlo. Blandía su diámetro discreto en mi carne, comenzaba a doler, supongo que porque podía presagiar el poder de  una minúscula cuchilla cilíndrica.

Mi amigo tiraba del borde que favorecía el cierre del nudo y la entrada del metal en mi piel. Se trataba de un juego infantil, un encuentro de dos pequeños machos que se debaten, cual leones neófitos que quieren probar quién es el cachorro más fuerte y acaban por calentarse y morderse de verdad.

Gritaba: « ¡No, ya, suelta el cable! ». Eso pedí, puse un  acento un tanto aterrado en la voz, acompañado de un gesto duro: el ceño fruncido. Alcé la voz porque, era claro, si seguía tirando del cable, mi amigo acabaría por cortarme el pulgar. Y la cuestión es que yo sabía que él era mi amigo, pero sabía también que si seguía jalando así, con esa fuerza que sentía cada vez más dentro de mi carne, a pesar de ser mi amigo me amputaría el dedo.

¿Qué hacer? ¿Negociar o atacar? Es decir, ¿defenderme o atacar? Porque, después de todo, era un amigo ; pero también sentía como si una boca lisa se aferrara a mi dedo, fría, con fuerza, poco a poco, mientras negociaba una vez más:  » ¡Ya, no mames, suelta el cable o te rompo la nariz ! ».

Sujetaba su nariz con fuerza, por si acaso . Con disgusto y miedo. Disgusto, porque era mi amigo y eso no debía estar pasando; y miedo, porque si terminaba por hacer rodar mi dedo por el suelo, no sabría qué hacer.

Un nuevo tirón llegó hasta el hueso y no tuve opción. La sangre brotaba de mi dedo y comenzaba a hacer un pequeño charco alimentado por las gotas del pie suspendido antigravitaroriamente, que era como estaba, con la pierna levantada en ángulo agudo, tratando de disminuir la tensión.

No tuve opción y sumí la mano hacia su cara. Su nariz entró en su rostro como la cabeza de una tortuga, crujiendo como cuando se rompe el cartílago del esternón de un pollo. En su lugar, quedó un ombligo lleno de la pelusa ambiental de mi cuarto, en el centro del triángulo de los ojos y la boca, como es habitual en esos casos. Lire la suite

El agua pasada no mueve molinos

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Hopare, 2015

El agua pasada no mueve molinos,

pero el aprendizaje de su cauce,

la contemplación de sus fauces

el deleite de sus caricias,

todas vueltas movimiento,

giros y vida,

sí,

esas aguas mueven los mejores molinos : Lire la suite

Mon pavé

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Edward Hopper, Morning sun, 1952

I’m fixing a hole

where the rain gets in,

and stops my mind

from wandering

where will it go.

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The Beatles, Fixing a hole, Sgt. Pepper’s lonely hearts club band, 1967

 

– Bonjour

– Oui, bonjour, Monsieur.

– Oui, bonjour, j’appelle pour déclarer un pavé. Je suis au bon service ?

– Pardon ?

– Oui, j’appelle pour un pavé qui s’est décollé, ou déboîté, je ne sais pas ce qui serait plus…

– Excusez-moi, monsieur, je crois pas avoir bien compris, vous appelez pour un pavé qui s’est quoi? Décollé ?

– Oui, c’est ça. Il y a un pavé qui s’est décollé, déboîté, sortie de sa place, on ne vas pas s’arrêter sur des détails aussi…

– Vous êtes au standard de la direction des travaux publics de…

– Et, bah, justement, écoutez,madame, je ne suis pas un merdeux qui passe son temps à appeler les services publics pour un rien. Si ce n’est pas dans vos compétences de vous occuper de ce pavé, je veux seulement être dirigé vers le bureau indiqué.

– Oui, je comprends, je transfère votre appel au chef de travaux.

– Parfait, il m’a l’air d’être la personne indiquée, il est gentil ?

– Pardon ?

– Je vous demande si le chef de travaux est gentil ou si mon appel va être vain ?

– Je ne sais pas quoi vous dire… Moi, il me dit bonjour tous les matins, si c’est ce que voulez dire.

– C’est déjà ça ! Alors passez-le moi, si vous voulez bien, dites-lui que je serai bref, après tout, ce n’est qu’un pavé. Et je vous remercie de votre gentillesse.

– C’est mon travail.

– Oui, mais quand même. Bonne journée.

Le monsieur au pavé s’est laissé emporter par les salamalecs français et il a raccroché après avoir dit « bonne journée », il s’est alors rendu compte qu’il avait deux possibilités, chacune large comme une autoroute : rappeler ou laisser tomber. Sa main appuyant sur le bouton rouge de son vieux portable avait été mue par les conventions sociales, dépassant la conviction de l’appel.

Il n’aurait pas voulu en arriver là. Il aurait préféré que la baguette soit plus longue pour ne pas avoir à sortir, sous la pluie hivernal, chercher la condition sine quoi non d’un bon potage comme dîner. Ses enfants n’étaient pas avec lui cette semaine, garde alternée, une famille normale de nos jours, et il n’aimait pas cuisiner pour lui-même. Au retour de l’épicerie, il a failli tomber, la faible attention des humains sous la pluie est connue dans toute la galaxie. Lire la suite

Gratis, por mexicano y por estar leyendo en el metro

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Iba de regreso a casa después de una travesía parisina motivada por la chamba. Por la mañana, había dado mi clase de francés al grupo de adultos que se dividen en tres niveles : analfabetas, francoparlantes noveles y avanzados. Al terminar tuve que regresar de Menilmontant hasta la casa, en la Courneuve, al noreste del periférico, porque había olvidado el nombre de la nueva preparatoria donde tenía cita con el director de aquel lugar donde iba a reemplazar a una maestra que iba a ser operada. Dicha prepa se situaba al otro extremo de París, en Ivry.

Decidí efectuar aquel trayecto por el exterior a pesar de que la línea siete me llevaba directo, así que agarré el tranvía, a pesar de que el trayecto era más largo, todo por ver la ciudad entre lectura y lectura en vez del muro o las mismas estaciones de la mañana. Evidentemente no era para concentrarme en la lectura, sino para paliar un poco al encierro cotidiano que constituye el transporte subterráneo.

Después del segundo trabajo, decidí pasar a Saint Michel a la librería Gibert-Joseph para comprar unos libros y hacer así el trayecto en dos partes. Hacía varias semanas que esperaba una paga y había llegado aquel día. Aún no había tenido tiempo para ir comprar comida, y la librería estaba de paso.

Había cruzado la puerta de la preparatoria abandonándome a la ligereza de saber que el trabajo de la semana había terminado, y descansando de aquella tensión inerte al primer día en un nuevo trabajo. En un año, era la décimo quinta institución educativa a la que me presentaba diciendo: Buenas tardes, soy tal, la persona que va a remplazar a tal… Mucho gusto… y así con todas las personas, desde el conserje hasta la los directivos, cada vez. Me había acostumbrado a la sensación y tampoco era tan complicado, sólo hay que responder a los saludos y decir y sonreír. También me había acostumbrado a irme de todas partes. Cuando se es un elemento móvil de un sistema laboral, se está disponible para cubrir los agujeros para que el barco no se hunda y de preferencia no hay que hacer muchas migas con los colegas. Si no, después es duro partir y con los años prefería considerarme como un consultante exterior, más que profesor, como alguien que llega a hacer la chamba y se va, como los plomeros, los electricistas, los bomberos, y tantos otros. Ellos no necesitan saber a quién van a ver, a menos que sea para pagar la factura. Lire la suite