Qué buen ojo o ¿dónde putas he andado?

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MIA, 2008

Había terminado en Sevilla durante aquel verano porque, en mi perspectiva, a pesar de que me hubieran corrido del trabajo cuidando chamacos en una secudaria gracias a una jefa neurótica y a mis faltas debidas a mi situación migratoria ; a pesar de saber que el salario en el museo de ciencias no era suficiente y que no tenía trabajo al regresar del viaje, si me quedaba en París, me volvía loco.

Había agarrado los boletos un par de días antes. No eran los más baratos pero podía pagarlos en el momento. Una de las razones de ir a sur de España era visitar a mi amigo de otro tiempo y compañero de casa, Misósofos, que se había regresado a su pueblo cercano a Granada para ver a su familia y de paso reducir los gastos fijos relativos a su manutención cotidiana en París.

Sevilla estaba relativamente al lado y los autobúses no eran caros. Fue al pie de aquel hostal cercano a la Alameda de Hércules donde encontré un buen equilibrio entre el dinero con el que contaba y un cuart limpio. Fue ahí donde conocí a mi hermana perdida en el universo, Belén, en una de las camas de la habitación, un libro de Poe sobre su lecho precediendo a nuestro encuentro.

Por aquel entonces, Belén alternaba entre el hostal y la casa de su tía de donde se había fugado parcialmente, como muchos adolescentes lo hhemos hecho. Su padre se había quedado en Marruecos y su madre había decidido que no quería vivir más, diez años antes. Ella había decidido que quería ser actriz y lo primero que le pareció más lógico fue regresar a España. Ya estaba ahí, pero tenía ningún plan para lo que seguía.

Yo tampoco, para conseguir dinero al regresar del viaje. Quizás por eso nos hicimos amigos de inmediato, nos dio la impresión de conocernos de mucho antes, quizás necesitábamos raíces y nos las inventamos en unas horas, sin decirlo, sin expresar ninguna propuesta ni solicitud.

Aquella noche estaba en casa de su tía Lire la suite