Punica granatum

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¿Qué culpa tiene la granada de las miserias que los hombres nos inventamos? Ella tan turgente y estival y nosotros tan humanos. Vi una flor en el piso, desbordando por encima de la reja de una casa, un poco roja, un poco naranja, un poco sangre. Como cuando ves tu ser fluir por un catéter y que el suero va en sentido contrario, cuando no tienes suerte.

Montpellier, el verano. De niño, mi prima me enseñó que si se jala el pedúnculo, el estilo de desliza hasta el receptáculo y cuelga. Unos aretes maravillosos que nos poníamos antes de que lo que es ser mujer y hombre nos contaminaran y no lo pudiéramos hacer sin que los otros nos dijeran algo. Lo permitido y lo prohibido, las personas y lo que nos enseñaron sin que pudiéramos evitar sus palabras.

Recojo dos flores de la calle y odio hasta el tuétano a la persona que comparó al fruto con un arma. ¿Qué parte? La granada no pidió nada. Estaba ahí antes de que surgiéramos. ¿Es su forma redonda? ¿O sus granos que alguien pensó en cambiar por metal para matar? ¿O su color lleno de vida, agua, fibra y azúcar, que abre su piel para que los pájaros se la coman y se la lleven de viaje? Y ahí llegamos, recogiendo frutos, hambrientos, pero nuestra versión no tiene vuelo, no va a ninguna parte cuanto la encuentras, pero sí es roja. Es sabido, donde hay flor, hay fruto. Y donde estamos nosotros ¿qué hay? ¿Qué pensarán los pájaros de nosotros?

¿Qué culpa tiene la granada? Ves la planta y el fruto parece demasiado pesado para su tamaño y sin embargo, ahí está, a punto de estallar antes de que te la comas, colgando de su rama aparentemente frágil pero que la sostiene. Hay comparaciones que no deberían hacerse. ¿No es el lenguaje algo humano e infinito según nosotros mismos? Entonces ¿Por qué nos quedamos sin palabras y nombramos a la naturaleza para llamar a la muerte? No sé los demás, pero desde hoy la llamaré bomba, a nuestra cosa, me comeré el fruto y me pondré unos aretes, y que los Homo sapiens se hagan bolas. Yo me voy a Andalucía y ahí los dejo con su desmadre.

Espejo de Verano

Recuerdo aquella noche,

soñé que estaba muerto […],

El otro lado de la luz,

el lado de al lado,

el lado alado,

el lado helado,

el lado crudo de la luz,

el lado ludo de la cruz.

Jim Beam Dream, El evangelio según mi jardinero (Uruguay, 2006),

Martín Buscaglia

Me desperté de un sobresalto

en un sueño,

contento por poder salir

de ésta parálisis extraña

que me sigue desde el final de la infancia

y que me liberó de la creencia en dios.

Una chica de cabello corto

abrió la puerta de su cuarto.

Sólo se podía ver su cabeza.

Yo sabía que escondía el resto de su cuerpo

porque estaba desnuda

y con su novia.

Me preguntó « ¿todo bien ? »

y yo asentí.

Ella sabía,

como compañera de casa,

que eso me sucede con frecuencia

y que es angustiante.

Me levanté

para asegurarme de que no me sumergiría

en ése estado amorfo

por enésima vez.

Me acerqué a ella

teniendo cuidado de no incomodar

su intimidad con mi mirada. Lire la suite