Morphine à volonté

Allongé sur le lit d’un hôpital miteux, c’est le premier moment que j’ai eu pour penser à comment et quand étais-je arrivé à me casser la jambe. J’attendais que l’anesthésie passe et ça n’allait pas être tout de suite. Je ne sentais rien à partir du cou. Ce n’était pas une sensation agréable, ça grattait, je pouvais bouger, mais tout était engourdi. C’était angoissant et il fallait donc se distraire avec d’autres pensées.

Quelque chose m’a semblé clair, ça était allé trop loin, et ça n’avait pas été pendant l’instant stupide où mon pied s’est coincé sur la base d’une grosse pierre que je m’étais cassé la jambe, ni au moment où je suis tombé en avant, laissant la jambe derrière moi. Non, j’avais commencé à me casser la jambe avant de me plier en deux et d’exécuter ce tour étrange en l’air pour libérer mon pied. Par terre, je pouvais voir la semelle de ma chaussure dans une position où je n’aurais pas dû pouvoir le faire. La douleur était déjà insupportable et amplifiée par cette vision anormale de mon corps quand mon pied pointait vers moi. À partir de cet instant, je n’ai pas pu penser normalement.

Heureusement, ou pas, il y avait deux autres gars avec nous. Jusqu’au moment du pied coincé, je n’avais pas réussi à savoir lequel des deux était celui qui avait invité mon quasi-ex-copine boire des coups dans un mirador pré-hispanique. Moi-même, j’avais emmené des filles à cet endroit depuis le collège. Et ça marchait toujours. Bien sûr qu’elle ne m’avait pas invité. Elle avait seulement dit « on n’est plus ensemble » et « je vais aller boire des bières avec un ami, et un de ses amis ». Rendu au point où on était, cela revenait au même, je ne connaissais aucun des deux, tout au plus les intentions de l’un d’eux. C’est pour ça, en fait, que j’étais là, plus que par l’envie de monter aux bains de Nezahualcoyotl observer la vallée de Mexico, avec sa couche grise de pollution entre la planche de béton, les montagnes et le ciel. Lire la suite

Morfina en autoservicio

Recostado en la cama, esperando a que la anestesia pasara y volviera a sentir mi cuerpo, fue el primer momento en que pude pensar. Fue entonces cuando comencé a tratar de elucidar cuándo empecé a romperme la pata.

Algo me pareció claro, había ido demasiado lejos y no había sido en el instante estúpido en que mi pie se atrancó en la piedra, ni cuando me fui de bruces dejando la pierna atrás. Me plegué entonces, di un giro, el pie se liberó y cai en forma de l, pero podía ver la suela de mi zapato. Para entonces el dolor había explotado como cien fuegos artificiales, amplificado por aquella visión de mi suela que podría haber lamido. Después, ya no pude pensar igual.

Por suerte, o no, había dos hombres más con nosotros. Hasta que se atoró el tobillo, mientras subíamos aquella colina que nunca debí subir, no pude descubrir cuál de los dos era el que había invitado a mi casi ex-novia a emborracharse a un lugar prehispánico. Ella sólo dijo “ya no somos novios” y “voy a ir a tomar unas chelas con un amigo y uno de sus amigos”. Para entonces, ya daba igual, no conocía a ninguno de los dos y les había aguado la fiesta. De hecho por eso estaba ahí, más que para subir a los baños de Netzahualcoyotl para observar el valle de México, con su capa gris de contaminación entre los edificios, las montañas y el cielo.

Quizá empecé a romperme la pata desde que me colgó en la cara y yo salí como un rayo para esperarla afuera del trabajo, para ir con sus “amigos”. De nada sirve todo eso, afortunadamente estaban ahí. Y la suerte dentro de la mala suerte no se acaba con su presencia, todavía quedaban algunos reveses.

El que yo creo que la invitó, fue el que me acomodó la pata. Creo que era él, dado que tenía cierta formación militar. No quiero entrar en perfíles sicológicos porque con el cuerpo anestesiado todavía hasta el cuello, no sé, no es lo mismo, por decirlo de alguna manera, aunque no trabaje propiamente con el cuerpo. Da igual, estoy solo, puedo pensar lo que quiera. Creo que era él, porque a ella siempre le han atraído los uniformados, salvo yo, y a eso es a lo que iba; yo no se lo diría, pero teniendo un padre que es agente federal, con esa historia del abandono de la familia, es muy probable que fuera él. Lire la suite