Todo por un dedo o Parado-de-manos y otras calles

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Un hilo metálico apretaba mi dedo pulgar del pie. Era lo suficientemente  delgado como para cortarlo. Blandía su diámetro discreto en mi carne, comenzaba a doler, supongo que porque podía presagiar el poder de  una minúscula cuchilla cilíndrica.

Mi amigo tiraba del borde que favorecía el cierre del nudo y la entrada del metal en mi piel. Se trataba de un juego infantil, un encuentro de dos pequeños machos que se debaten, cual leones neófitos que quieren probar quién es el cachorro más fuerte y acaban por calentarse y morderse de verdad.

Gritaba: « ¡No, ya, suelta el cable! ». Eso pedí, puse un  acento un tanto aterrado en la voz, acompañado de un gesto duro: el ceño fruncido. Alcé la voz porque, era claro, si seguía tirando del cable, mi amigo acabaría por cortarme el pulgar. Y la cuestión es que yo sabía que él era mi amigo, pero sabía también que si seguía jalando así, con esa fuerza que sentía cada vez más dentro de mi carne, a pesar de ser mi amigo me amputaría el dedo.

¿Qué hacer? ¿Negociar o atacar? Es decir, ¿defenderme o atacar? Porque, después de todo, era un amigo ; pero también sentía como si una boca lisa se aferrara a mi dedo, fría, con fuerza, poco a poco, mientras negociaba una vez más:  » ¡Ya, no mames, suelta el cable o te rompo la nariz ! ».

Sujetaba su nariz con fuerza, por si acaso . Con disgusto y miedo. Disgusto, porque era mi amigo y eso no debía estar pasando; y miedo, porque si terminaba por hacer rodar mi dedo por el suelo, no sabría qué hacer.

Un nuevo tirón llegó hasta el hueso y no tuve opción. La sangre brotaba de mi dedo y comenzaba a hacer un pequeño charco alimentado por las gotas del pie suspendido antigravitaroriamente, que era como estaba, con la pierna levantada en ángulo agudo, tratando de disminuir la tensión.

No tuve opción y sumí la mano hacia su cara. Su nariz entró en su rostro como la cabeza de una tortuga, crujiendo como cuando se rompe el cartílago del esternón de un pollo. En su lugar, quedó un ombligo lleno de la pelusa ambiental de mi cuarto, en el centro del triángulo de los ojos y la boca, como es habitual en esos casos. Lire la suite