A la gloria de mi gargajo / CASEY

He aquí la traducción en forma de subtítulos de la canción que figura en la puerta de éste artículo. Ésta canción forma parte del disco Libérez la bête (Liberen a la bestia) de la rapera Francesa de origen antillano: Casey.

Está enojada, nosotros también y ella lo dice de una manera que Los Tr3s podrían comprender igual cuando cantan su « Primera vez » a el hijoeputa de Pinochet.

Con ustedes, la bestia y sus diversas ideas para unos buenos gargajos sobre gente de mala calaña.

 

Y la versión bilingüe de la canción, pa los que gusten: Lire la suite

Vestirse de recuerdos de gallo

Al salir al balcón esta mañana, entre el paso de los autos de la avenida, el tranvía que deja sentir su mole deslizándose como oruga gigante por los rieles, entre la entrada de los niños a la guardería musulmana de la casa de enfrente y el ir y venir de botes de pintura, cables, tubos y tornillos que suben los trabajadores de la empresa del primer piso, un gallo, con una onomatopeya aguda, emergió por sobre todo el barullo en su instante de gloria desde una veleta invisible.

Quizás fue un momento de silencio, de aquellos en que parece que el mundo está en paz, sin turbulencias, ahí colgó su “quiquiriquí” o su “cocoricó”, según la lengua lo dicte, aprovechando un respiro de la tierra para hacer dejar salir lo que su animalidad le solicitaba.

El sonido entró como todo los demás ruidos, deslizándose hasta el tímpano, fluido y vibrante.

Pero el gallo, ¿quién tiene un pinche gallo en un barrio donde no hay ni parques y casi nadie tiene jardín?

Sin embargo, el reflejo no fue inmediato, la consciencia del gallo y la extrañeza de su cogote gritando a los cuatro vientos, activó el recuerdo de lugares rurales, del aire húmedo de la costa o de la neblina en un pueblo montañoso de Oaxaca. Vinieron de tumbo también imágenes de leña saliendo por chimeneas hechas de latón, la sensación del frío adormecido de la mañana y del rocío velando la hierba y también el sabor virtual de algún coco matutino para la resaca tropical en un día cuya única perspectiva es abrir la primera cerveza y entrar de vez en cuando al mar.

En esos lugares, durante la misma mañana, el gallo habría sido natural, lógico, parte del marco tan normal como sus aromas y colores. Pero entre edificios y casas una al lado de otra como viajeros apretados de hora pico en el metro de la ciudad de México, ¿de dónde venía el gallo? o ¿por qué alguien tiene un gallo? ¿Como mascota? ¿O tal vez el grupo de trescientos Roms que están instalados en un lote baldío a escasos cien metros de mi ventana? ¿O por que no, simplemente, un despertador de teléfono portátil cuyo sonido de alta definición ha sido descargado desde una publicidad aparecida en un spam para hacer reír puerilmente a los amigos?

El gallo parecía natural, es decir, anunciaba la mañana de una manera que me pareció lo suficientemente verídica para descartar cualquier tontería informática. Lire la suite