Mojarse

¡Miau!

A Nina

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Así es la vida,

hay que mojarse,

que la piel se arrugue,

que los tambores resuenen,

la cueva volviéndose fiesta,

sí,

la misa alegre, el entierro entre cantos

y poemas,

entre flamas y borrachera,

mientras se nos pasa el rigor mortis

o volvemos a la vida,

¡qué más da! Mientras sea intenso,

con la aquella bella sensación

de tener ganas de vivir,

pero sin temor a la muerte,

como la sensación de la suerte,

como cuando te conocí

y creí que esperabas a alguien más. Lire la suite

Por poco

Un auto quemó llanta al intentar evitar una fila de autos. Estuvo muy cerca. Tuvo que girar el volante, el auto quedó en una diagonal ligera con respecto a los otros autos.

Mi mandíbula se contrajo. Me imaginé al conductor de enfrente bajándose para injuriarlo, o al menos para quejarse por el puro gusto. Pero eso no sucedió, la mañana ligera pudo mantener su cara lisa y bella, no hubo violencia, pasamos a un centímetro, quizás aquel amarre de frenos hizo que evitaríamos la debacle general, impidiendo que todo explotara aquel día, sin saberlo.

Estuvimos cerca, pero todo va bien. Aunque también podría haber sido lo contrario, el evento podría haber desencadenado una serie de azares fortuitos en la vida de una persona, o de la humanidad entera, pero eso tampoco lo sabremos.

Personalmente, cuando miro por la ventana y veo las marcas paralelas sobre el pavimento, mi día va mejor, porque pienso se pueden tener buenos reflejos y, a veces, eso basta, como los gatos cuando caen, al menos los que están vivos.

Cuando el viento, la lluvia, los autos y los pasos diluyan esas líneas negras, habrá que imaginarlas; quisiera que, ideas así, no se borren y que brillen  para cuando haya que iluminar noches tristes.