Punica granatum

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¿Qué culpa tiene la granada de las miserias que los hombres nos inventamos? Ella tan turgente y estival y nosotros tan humanos. Vi una flor en el piso, desbordando por encima de la reja de una casa, un poco roja, un poco naranja, un poco sangre. Como cuando ves tu ser fluir por un catéter y que el suero va en sentido contrario, cuando no tienes suerte.

Montpellier, el verano. De niño, mi prima me enseñó que si se jala el pedúnculo, el estilo de desliza hasta el receptáculo y cuelga. Unos aretes maravillosos que nos poníamos antes de que lo que es ser mujer y hombre nos contaminaran y no lo pudiéramos hacer sin que los otros nos dijeran algo. Lo permitido y lo prohibido, las personas y lo que nos enseñaron sin que pudiéramos evitar sus palabras.

Recojo dos flores de la calle y odio hasta el tuétano a la persona que comparó al fruto con un arma. ¿Qué parte? La granada no pidió nada. Estaba ahí antes de que surgiéramos. ¿Es su forma redonda? ¿O sus granos que alguien pensó en cambiar por metal para matar? ¿O su color lleno de vida, agua, fibra y azúcar, que abre su piel para que los pájaros se la coman y se la lleven de viaje? Y ahí llegamos, recogiendo frutos, hambrientos, pero nuestra versión no tiene vuelo, no va a ninguna parte cuanto la encuentras, pero sí es roja. Es sabido, donde hay flor, hay fruto. Y donde estamos nosotros ¿qué hay? ¿Qué pensarán los pájaros de nosotros?

¿Qué culpa tiene la granada? Ves la planta y el fruto parece demasiado pesado para su tamaño y sin embargo, ahí está, a punto de estallar antes de que te la comas, colgando de su rama aparentemente frágil pero que la sostiene. Hay comparaciones que no deberían hacerse. ¿No es el lenguaje algo humano e infinito según nosotros mismos? Entonces ¿Por qué nos quedamos sin palabras y nombramos a la naturaleza para llamar a la muerte? No sé los demás, pero desde hoy la llamaré bomba, a nuestra cosa, me comeré el fruto y me pondré unos aretes, y que los Homo sapiens se hagan bolas. Yo me voy a Andalucía y ahí los dejo con su desmadre.

Tregua

La fiebre de un sábado azul
y un domingo sin tristezas.
Esquivas a tu corazón
y destrozas tu cabeza,
y en tu voz, sólo un pálido adiós
y el reloj en tu puño marcó las tres.
El sueño de un sol y de un mar
y una vida peligrosa

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Seru Giran, Viernes 3 am, La grasa de las capitales, 1979

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Y quizá dirás aún que no te quiero, que mi silencio te mata. O que no me muevo a pesar de hacer mucho ruido. Quizá es sólo que soy como las castañas y las nueces. El ruido tiene su encanto puede ser hasta música. Las balas de salva son una ficción, me gusta la ficción. La realidad está ahí de cualquier manera.

Trágame, disuélveme en ácido, arráncame una costilla y ponla a asar. De cualquier manera no tengo alas, las costillas están de más. Me quedo con las cosquillas que no están en ninguna parte.

Punto en el frente, punto en la frente, arremete contra mí, para que el sueño sea liviano, para que la angustia que precede el final de un día, no me desgaje como la corteza de un árbol, con las entrañas al aire sintiendo el aire demasiado frío, el agua demasiado húmeda, evaporándose de mi piel.

Déjame diluirme en un olvido antes de hacerme recordar. Dame la tregua que me permita escuchar de nuevo mi voz en vez de la tuya, tu aroma en vez del mío. Acabamos de sufrir el accidente de un adiós, es desgraciado, pero no letal. Déjame lamer mis heridas antes de lamer las tuyas, sólo tengo una lengua y ahora hay poca saliva. La paliza fue fuerte, de esas que te hacen pensar en la muerte y tapizan tus sueños de naufragios. Es imposible salvar al otro sin ahogarlo y ahogarse en el intento. Queda entonces el sueño de un sol y de un mar, y una vida peligrosa.

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Este texto me hace pensar en esta canción del músico tunecino Anouar Brahem, del disco Vague (2003) Lire la suite

un hombre de paz en tiempos de guerra

Te corté el pelo,

te limé las uñas,

te saqué las cejas,

en tu boca una ciruela,

en una fuente de greda.

Te eché perejil,

mantequilla en tu espalda,

a punto de hervir […]

Con un cuchillo y un tenedor

me fue más fácil partirte en dos.

Los Tres, La espada & la pared, 1995

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Tuve otro accidente,

se me cayeron otra vez todos los dientes,

no te puedo morder

pero mis puños siguen siendo fuertes,

no me tientes.

Escupo sangre pa’ no ahogarme,

pero sé cómo hacerlo,

con los coágulos al suelo,

los ojos vidriosos

y los pies de hielo,

enfriando la sangre,

alimentando los demonios que me arden,

pa’ sacarlos a pasear sin correa,

correlación directa,

estupefacto tú,

con la mala sangre tú,

la dentellada afilada, tú

diablo, tú lo pediste, tú

cuando se escupe al cielo,

se cosechan desconsuelos.

Te tragarás tus palabras,

ahora o en mil años,

no te abras,

tú empezaste,

sé un Hombre,

es el fruto de lo que sembraste,

tú, que tiraste la piedra y escondiste la mano,

antiguo hermano,

todos te vimos y no te perdonamos.

No se puede ser hijo de puta

y después ser indultado,

nos has insultado,

nos has mancillado,

nos has violado,

explotado, exterminado

se te ha olvidado

que somos humanos,

pero aquí estamos

castañeando los dientes,

no te cortes,

y si mientes a nadie le importa

el corte va directo a la horta.

Cara dura, se ve en tu dentadura

que no has besado pavimento,

me quedo contento,

te tambaleas al primer desencuentro

y has elegido mal,

porque me gusta el sabor a metal

de la sangre recién nacida,

más aún si es de un rival

que se equivocó de víctima.

Soy un hombre de paz,

en tiempos de guerra.

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Y aquí la canción de Los Tr3s que aparece en la cita, para los que aún no tengan el gusto, « Dos en uno », una pequeña historia de canibalismo: Lire la suite