Llegar a tiempo, al menos una vez

Lo juro, cada vez intenté llegar temprano. Puse el despertador antes de dormir. Me acosté temprano, o al menos no muy tarde. Suprimí las etapas innecesarias durante la mañana, relegué el desayuno al metro. Pagué mi transporte mensual un día antes. Pero nada, llevaba trabajando ahí desde noviembre y ya estábamos en enero y no había logrado llegar a tiempo ni una sola vez. Si se toma en cuenta que sólo iba una vez por semana, y el lunes, se puede comprender que era muy evidente a pesar de que la semana de trabajo diluye muchas cosas. Digamos que los agarraba siempre frescos.

En lo concreto, alguno de los vigilantes tenía que cuidar mi clase mientras yo llegaba, teniendo que comenzar su semana con la penosa actividad de tener que mantener callados a quince adolescentes en un pasillo, para que no molesten a las clases que ya han comenzado. Es como tener que ir a trabajar crudo o después de una noche en vela.

Y eso lo sé porque, el mismo día, después de ser profesor durante la mañana, iba al otro lado de París para hacer su trabajo en otra secundaria. Además he ejercido su función desde hace cinco años en varios establecimientos. Ni qué decir de la pena y el poco tiempo que tiene uno de pdisculparse cuando la clase espera en el umbral de la puerta, desparramada a lo largo del pasillo. Ni tampoco cuando tienes que salir como un rayo para llegar a hacer lo mismo que él, pero en otra parte.

Culpas, por la falta de tiempo, por la polivalencia, pretextos y razones que se anulan y hay que navegar en las aguas del olvido.

Pretextos y aceptar las aguas que conllevan, después de todo, en un momento dado están sólo las situaciones concretas, sin razones, dentro del medio que sea. Al cabo de más de una docena de intentos, logré llegar a tiempo, en incluso un poco antes.

Los alumnos entraron uno a uno, dejaron sus mochilas en el suelo y comenzaron una serie de aplausos y ovaciones que seguro me hicieron enrojecer, pero también reír a carcajada abierta. Lire la suite

Azul Kamikaze

Tullio Crali, Before the Parachute Opens (Prima che si apra il paracadute), 1939 (detail)

Si no canto lo que siento
me voy a morir por dentro.
He de gritarle a los vientos hasta reventar
aunque sólo quede tiempo en mi lugar.
_
Si quiero, me toco el alma
pues mi carne ya no es nada.
He de fusionar mi resto con el despertar
aunque se pudra mi boca por callar.
_
Ya lo estoy queriendo
ya me estoy volviendo canción
barro tal vez….

_________________________________

Luis Alberto Spinetta, Barro tal vez, Kamikaze, 1982

__________________________

« Amar la trama más que le desenlace »
Jorge Drexler, Amar la trama, 2010

________________________________________

Azul para mis adentros,

azul a través de esos ojos morenos,

azul en un silencio,

donde cualquier conversación,

por más importante que parezca,

puede caer a pique como cualquier Kamikaze,

japonés o de Spinetta

Y se trata entonces de impedirlo

a punta de anécdotas sagaces

de las mejores frases,

de desenlaces

fugaces

sin necesidad de

mañanas

la felicidad bruta,

el primer respiro del día,

el primer sorbo de vida, Lire la suite