Tregua

La fiebre de un sábado azul
y un domingo sin tristezas.
Esquivas a tu corazón
y destrozas tu cabeza,
y en tu voz, sólo un pálido adiós
y el reloj en tu puño marcó las tres.
El sueño de un sol y de un mar
y una vida peligrosa

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Seru Giran, Viernes 3 am, La grasa de las capitales, 1979

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Y quizá dirás aún que no te quiero, que mi silencio te mata. O que no me muevo a pesar de hacer mucho ruido. Quizá es sólo que soy como las castañas y las nueces. El ruido tiene su encanto puede ser hasta música. Las balas de salva son una ficción, me gusta la ficción. La realidad está ahí de cualquier manera.

Trágame, disuélveme en ácido, arráncame una costilla y ponla a asar. De cualquier manera no tengo alas, las costillas están de más. Me quedo con las cosquillas que no están en ninguna parte.

Punto en el frente, punto en la frente, arremete contra mí, para que el sueño sea liviano, para que la angustia que precede el final de un día, no me desgaje como la corteza de un árbol, con las entrañas al aire sintiendo el aire demasiado frío, el agua demasiado húmeda, evaporándose de mi piel.

Déjame diluirme en un olvido antes de hacerme recordar. Dame la tregua que me permita escuchar de nuevo mi voz en vez de la tuya, tu aroma en vez del mío. Acabamos de sufrir el accidente de un adiós, es desgraciado, pero no letal. Déjame lamer mis heridas antes de lamer las tuyas, sólo tengo una lengua y ahora hay poca saliva. La paliza fue fuerte, de esas que te hacen pensar en la muerte y tapizan tus sueños de naufragios. Es imposible salvar al otro sin ahogarlo y ahogarse en el intento. Queda entonces el sueño de un sol y de un mar, y una vida peligrosa.

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Este texto me hace pensar en esta canción del músico tunecino Anouar Brahem, del disco Vague (2003) Lire la suite

Porte droit sur la mer

Sous la vague au large de Kanagawa,神奈川沖浪裏, Hukosai, 1830

Y en avait marre des zones communes,

l’hôtel était à craquer. L’été, le soleil

et ces choses que les gens du sud et du nord

vénèrent. On n’avait trouvé que cette chambre

Miteuse, dont on ne voulait pas en parler.

Nous sortîmes flâner, pour oublier la fuite.

On failli nous tuer : nous choisîmes la fille

qu’il fallait pas. Et nous voilors1, les jambes au coup.

On ouvrait les portes, sorte de sport oisif,

et nous la trouvâmes ainsi, la porte au balcon

au niveau de la mer, ondulant, dépassant

De quelques vagues la balustrade. Frayeur.

Nous reculâmes, illico. Une dame dit

qu’à nettoyer, c’est chiant, mouillé et salé.

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1Fusion par collission de voilà et alors à la vitesse de la lumière à des températures qui n’existent pas sur la surface de la Terre.