Pelando cable

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El sol anunciando la primavera,
las aves libres,
Ivry, al sur de París,
brilla sacudiéndose el invierno,
y él pelando cable,
ahí, en un minipuerto abandonado,
donde el Sena y el Marne
mezclan sus aguas,
donde una pagoda gigante,
para los sueños chinos
de la gente
se erige victoriosa,
como si siempre hubiera estado ahí.
No es por la vista majestuosa
que ha elegido el puesto,
sino porque hay tantas cosas en esa ciudad
que sólo cambia de nombre
pero no de piel,
desde Mantes la Jolie
hasta Melun,
pero ninguna le pertenece,
además de su mochila, su tienda
y su oruga para dormir.
Su orilla es un no lugar,
al lado de un puente sin peatones
y coches eventuales,
en una calle con una estrecha banqueta
que siempre está en obras
pero que nunca arreglan completamente.
Ahí,

pelando cable
al lado de una alcantarilla,
donde no hay ratas,
pelando cable donde no le digan que estorba
o que es una mancha.
No le gusta vender torrecitas
o cualquier tontería,
ni jugar al gato y al ratón
con la policía.
Menos sin papeles
y sin hablar francés.
Pelando cable para sacar el cobre,
para llevárselo al gitano,
que conoció en un lote baldío,
buscando lo mismo que él.
Pelando cable,
a punta de cuchillo, Lire la suite