Quand le cycle de la vie t’arrange

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Il était une fois un bon chat qui faisait son taf et dont les propriétaires en était fiers. Il s’appelle Néko. On échangeait avec lui une boîte de thon pour chaque souris chassée. Bien entendu il tenait à laisser la proie dans un endroit bien visible dans la maison ou sur la terrasse et il guettait dans un coin l’arrivée du premier venu pour sortir à sa rencontre en remuant la queue et en miaulant : « regarde comme je suis un bon chat, passons à la caisse, paie ton thon».

Comme dans toute coloc, les tâches sont partagées. Celle du ramassage de souris en est une que j’évite dans la mesure du possible, des phobies apprises dans la famille, liées à la pauvreté des générations précédentes et qui restent. Je n’avais la même phobie de ma mère mais elle m’a transmise un dégoût profond pour les rongeurs.

Jim et Kenji le comprenaient et on échangeait le ramassage et et mise en sac contre quelques bières, le dîner ou leur tache ménagère de la semaine. Quand on veut éviter une activité, il faut mettre le paquet.

Un samedi soir Néko avait laissé un petit rat sur la terrasse au moment ou tous les deux partaient je ne sais où, tout ce que j’ai compris ce que c’était à moi de m’en débarrasser. Si c’est à comparer, Lire la suite

La sal no sala, el azúcar no endulza y algunas ratas

La sal no sala y el azúcar no endulza

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Charly García, 1994

 

La llegada de Misósofos a la Courneuve coincidió con varios eventos. Primero, con la crisis española que lo concernía directamente y que fue el motor mismo de su migración. Segundo, con el final de la relación con mi ex novia con quien viví durante seis años y con quien compartía aún el cuarto y la cama. Tercero, con la llegada del verano. Cuarto, con la visita de los padres de la susodicha que veían a pasear por primera vez a Europa y a ayudarle al mismo tiempo a llevarse todas las cosas que podía pagar y que le autorizaban en un avión. Y quinto, con la excavación para poner los cimientos de un nuevo edificio al otro lado de la calle donde antes hubo un campo de gitanos durante tres años.
En la Courneuve, Lire la suite

Llaves

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Seth, 2013

Cuando me dieron las llaves del primer hotel parisino en el que trabajé, me preguntaba si esas ganas de tocar a todas las puertas para vivir en otro país se terminaba ahí: con todas las llaves de un hotel completo que dejaban bajo mi responsabilidad por la noche. Al mismo tiempo, me decía que eso me pasaba por andar de curioso en Francia. Hubiera preferido rechazarlas, pero necesitaba la lana y de paso aproveché para probar las llaves que me parecían en desuso, para pasar el tiempo, las noches en vilo son largas y si uno no se mueve los demonios se instalan.

Cuando pasé a la secundaria, me dieron las llaves de la casa para que pudiera volver después, mientras mis padres llegaban del trabajom con mi hermana en brazos. Aquellas llaves abrirían la primera experiencia de la soledad en un espacio propio : entre la salida a mediodía y las tres de la tarde que es la hora para lo cuál lo único que tenía que hacer por la familia era comprar el kilo de tortillas cotidiano al lado de la escuela, llegar a la casa, quitarle el papel, cambiarlo por una servilleta y depositarlas en el tortillero térmico para que no se enfriaran. Por lo demás, aquel espacio y tiempo me pertenecían y durante aquella etapa no daba muchos problemas, así que nadie me pedía que rindiera cuentas sobre lo que hacía desde que tenía aquellas primeras llaves: aprender a estar solo y disfrutarlo.

Aquellas mismas llaves, con la que se agregó con los años a causa de los robos en la unidad habitacional, una chapa más, fueron las que mis padres me pidieron de vuelta porque no respetaba ninguna regla de la casa. Era cierto, me lo merecía. Lire la suite

Sœurprise

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Rufino Tamayo, Manos sobre fondo blanco, 1979

Vuelvo al sur,

como se vuelve siempre al amor,

vuelvo a vos,

con mi deseo, con mi dolor.

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Gotan Project, Vuelvo al Sur, La revancha del tango, 2001

Pueblo. Ceci est le nom qu’emploient souvent les exilés ruraux pour parler de leur village d’origine. Pablo faisait partie de ce maigre groupe qui avait subi l’exode vers Mexico ou les États-Unis, une quarantaine d’années plus tôt et qui revenait, soit rendre visite aux membres de la famille restés cultiver la terre et élever des animaux, soit aux morts.

Le reste avait une aversion pour ce lieu où les souvenirs de la misère et de la famine étaient gravés au fer incandescent dans leur mémoires. Parmi les neuf frères et sœurs, seules deux de ses sœurs venaient une fois par an, les autres ne revenaient que rarement et l’ambiance était toujours un peu mélancolique. L’on parlait du passé, mais peu, seulement des choses joyeuses.

Pablo était le président de l’association des paisanos de Santa Catarina Tayata dont la plupart habitait Oaxaca, la capitale de l’état du même nom, au sud du Mexique. C’est Ignacio,  l’un des rares à être retourné vivre sur place, qui lui avait transmis le message :

– Salut, Pablo ; il y a une paisana de Mexico , une vieille dame qui est passée, il y a quelques mois et qui m’a demandé si je te connaissais et si je pouvais lui donner ton contact . Je crois que ça doit être une personne qui revenait pour la première fois parce que je ne l’ai pas reconnue, et ma femme non plus, et tu le sais, on a été les premiers à revenir de cette vague. Je n’ai pas voulu le lui donner parce qu’elle ne m’a pas demandé pour l’association, mais pour toi directement, avec les deux noms de famille, elle a dit « excusez-moi, je suis originaire de ce village, dites, par hasard vous auriez le contact de Pablo Mora García », et ça m’a paru bizarre et je lui ai dit que non, mais que je pouvais demander, alors elle a insisté pour me laisser son numéro. Tu le veux ?

– Elle n’a rien dit d’autre ?

– Non.

– Oui, donne-le moi, et si je ne reviens pas pour la fête du Pueblo, tu peux lui donner mon numéro si jamais elle se pointe et te le demande à nouveau, s’il te plaît. Lire la suite

Gratis, por mexicano y por estar leyendo en el metro

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Iba de regreso a casa después de una travesía parisina motivada por la chamba. Por la mañana, había dado mi clase de francés al grupo de adultos que se dividen en tres niveles : analfabetas, francoparlantes noveles y avanzados. Al terminar tuve que regresar de Menilmontant hasta la casa, en la Courneuve, al noreste del periférico, porque había olvidado el nombre de la nueva preparatoria donde tenía cita con el director de aquel lugar donde iba a reemplazar a una maestra que iba a ser operada. Dicha prepa se situaba al otro extremo de París, en Ivry.

Decidí efectuar aquel trayecto por el exterior a pesar de que la línea siete me llevaba directo, así que agarré el tranvía, a pesar de que el trayecto era más largo, todo por ver la ciudad entre lectura y lectura en vez del muro o las mismas estaciones de la mañana. Evidentemente no era para concentrarme en la lectura, sino para paliar un poco al encierro cotidiano que constituye el transporte subterráneo.

Después del segundo trabajo, decidí pasar a Saint Michel a la librería Gibert-Joseph para comprar unos libros y hacer así el trayecto en dos partes. Hacía varias semanas que esperaba una paga y había llegado aquel día. Aún no había tenido tiempo para ir comprar comida, y la librería estaba de paso.

Había cruzado la puerta de la preparatoria abandonándome a la ligereza de saber que el trabajo de la semana había terminado, y descansando de aquella tensión inerte al primer día en un nuevo trabajo. En un año, era la décimo quinta institución educativa a la que me presentaba diciendo: Buenas tardes, soy tal, la persona que va a remplazar a tal… Mucho gusto… y así con todas las personas, desde el conserje hasta la los directivos, cada vez. Me había acostumbrado a la sensación y tampoco era tan complicado, sólo hay que responder a los saludos y decir y sonreír. También me había acostumbrado a irme de todas partes. Cuando se es un elemento móvil de un sistema laboral, se está disponible para cubrir los agujeros para que el barco no se hunda y de preferencia no hay que hacer muchas migas con los colegas. Si no, después es duro partir y con los años prefería considerarme como un consultante exterior, más que profesor, como alguien que llega a hacer la chamba y se va, como los plomeros, los electricistas, los bomberos, y tantos otros. Ellos no necesitan saber a quién van a ver, a menos que sea para pagar la factura. Lire la suite