Hotel Aladino: Shiva contra Rey migrante

f270269a

Cuando llegué al hotel, entré. Me sentía un tanto inseguro e incómodo porque hacía un año que no debía buscar trabajo y porque creía que ya no tendría que hacerlo más. Además era uno de esos empleos en los que sabes que tendrás que mentir, pero esperaba que no fuera tanto. No porque no sepa hacerlo, sino porque ese día el llevar un traje ya era la cantidad suficiente de mentira a la cual estaba acostumbrado. Pero ahí estaba. Llegué y la fachada era igual a la que vi por street view, despintada, acorde con las dos estrellas que en el anuncio de la bolsa de trabajo se describían y que no habían sido descritas con estrellas, sino con asteriscos. Era por lo tanto un hotel de dos asteriscos llamado “Aladino”.

Llegué temprano, lo cual no me pasa muy seguido. Pensé que quedaría bien y entré. También fue porque cerca de ahí no había ninguna banca. No había nadie en la recepción, pero sí tres personas en la pieza que era a la vez recepción, sala y zona de restauración. El color del interior era el mismo en diversos puntos de la decoración, de un verde como el del logotipo de la RATP. Todo parecía viejo, pero no del tipo burgués a la antigua, sino un intento malogrado de eso. Las tres personas voltearon a verme. Sólo una de ellas llevaba traje, era un chico en sobrio traje negro con camisa blanca. La corbata era también para un funeral. Eso aconsejan los sitios de internet para tener éxito en una entrevista de trabajo. No osar colores, ser sobrio.

Yo iba con el mismo traje con el que salí de la preparatoria diez años antes, los zapatos eran igual de viejos, y la camisa, me la regalaron para mi graduación de la universidad, con el mismo traje, claro. Quién iba a pensar que acabaría en París, para ayudarme en la búsqueda de empleo. A medias, hay que reconocerlo, porque el corte era bastante anacrónico. Se veía a leguas que venía de otro tiempo. Los otros dos hombres iban vestidos con pantalones de mezclilla. Uno de ellos llevaba una playera, era el más joven. El otro llevaba una camisa de manga corta con rayas mostaza y un chaleco verde con azul. Era el más viejo y le pidió al chico de traje que se sentara en una de las sillas que estaba frente a una pequeña mesa, a tres metros de mí. El chico dejó de verme y el señor que parecía ser el Monsieur Samir ante quién debía presentarme.

  • Buenos días, tengo cita para una entrevista de trabajo con Monsieur Samir, soy Monsieur García.

  • Ha llegado un poco temprano, ahora estoy ocupado con otra entrevista, vuelva en veinte minutos, por favor.

Tuve que estudiar mi currículum antes de ir a la entrevista. Tengo una decena de modelos según el tipo de trabajo, uno para los hoteles y servicios, otro para el medio del a educación, otro para los puestos de asistente social. También están los de “empleo estudiante” que se puede enviar a cualquier cosa que pague el salario mínimo y que sólo te piden que sepas leer y escribir y estar inscrito a una institución educativa. Lire la suite

pasatiempo, pasavida

Lo fácil cae ligero,

lo duro pesa mucho,

el tiempo va volando

ya que puede,

tiene que volar.

Cada uno en su lugar,
todo está muy claro
tu origen te marca,

tú eliges la charca
donde quieres remar.
Por lo pronto respira hondo

La Mala Rodriguez, Alevosía, 2003

Salí lejos de casa,

para limpiar las heridas

que me dejó el ganarme la vida.

No tengo que olvidar lo que gané en éste viaje,

porque no se compra con dinero,

y debe bastarme para volver a ganarme la vida,

por dinero,

vendiendo pedazos de esta,

mientras resuelvo cómo quitarme

la discapacidad de ser migrante,

para poder vivir tranquilo

y poder hacer mejor mi trabajo,

sin tener que perder mi vida

en laberintos legales y administrativos.

Para poder hacer el bien sin amarguras,

que es más difícil,

pero igual es la única forma de ser a la que pretendo,

sin religión de por medio,

ni doctrina,

ni banderas,

para el que lo entienda y quiera pasar un rato

con alguien que, por las buenas, a donde quieras…

pero tampoco pongo la otra mejilla,

si me insultan me voy y olvido,

como si no los hubiera conocido,

yo no toco a lo que está podrido,

es sabido que se atrapan enfermedades.

No queda más que ser paciente o irse.

Una biblioteca no se empaca en un dos por tres,

y ya no estoy para huidas

aunque aún no tenga canas,

hacer una vez más de tripas corazón,

esperar lo mejor

dejarse llevar.

La deriva de hoy es menos violenta

que la del año pasado,

algo habré hecho bien,

lo demás, por ahora,

no depende de mí.

Flotar,

flotar en el presente sin dejarse llevar

por la angustia,

sólo flotar,

con el pecho lleno de aire

o en la ingravidez,

para que la ansiedad inmediata

no se coma el tiempo que sí nos pertenece,

para comérselo uno mismo,

el manjar de ser,

nadie me lo va a arrebatar.