El bidet y el baño turco

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La palabra « bidet », fue Charly García quien me la enseñó, pero me tardé mucho en comprender lo que era, su frase diciéndo « por favor no hagas promesas sobre el bidet », más todo lo que seguía en la canción me bastaron por varios años para recordar que había una separación, un amor truncado, una nostalgia.

Fue hasta que llegué a Francia por segunda vez que un día me levanté de alguna cena o fiesta en la que estaba para ir al baño. Pasé del minúsculo sanitario a la sala de baño para lavarme las manos y ahí estaba, junto al lavabo, una pequeña taza como para un niño, pero con un embudo como el del lavadero y una toma de agua en el borde. Entre taza y lavabo. Salí desconcertado, pensando en las maneras de usarlo o en el tipo de personas que lo usarían, si es que eran humanos. Fue entonces cuando me enteré que aquel era el bidet y que se usaba en otro tiempo, cuando el agua y la calefecacción eran más escasas, para darse un baño de guante de las partes básicas, es decir, genitales, culo y axilas, más una enjuagadita del resto, espero que en el orden inverso.

En mi casa hay uno y no he visto a nadie usarlo en los diez años que llevo aquí más que para enguajarse los pies y lavar los trapos y el trapeador.

Se trata de uno de esos objetos que se han vuelto anacrónicos pero que permanecen en los espacios porque quitarlo implicaría gastos y lo dejan estar hasta que alguien se decida a cambiar radicalmente el espacio y los objetos de otro tiempo que están dentro de él.

Eso le va a pasar al departamento de la Cournevue, que no ha sido renovado desde los años sesenta, según el propietario, quien va a arrasar con todo, dejar los muros de la estructura y dividir la casa en dos departamentos, sin bidet, esta vez.

Algo similar me sucedió con el baño turco, y sin ir a Turquía. Llevaba ya aquí algunos años y había pasado de largo por aquella experiencia de abrir la puerta del baño de un pequeño bar en Montmartre, con prisa y encontrar, no una taza, no un mingitorio, sino una estructura de losa, como lo son las sanitarias, pero con un hoyo en medio y dos superficies antiderrapantes y un poco en altura, para los pies. Había visto letrinas, por lo cual lo del hoyo no era un problema, el principio era el mismo en todos, pero nunca había enfrentado tanto minimalismo, es todo, me agarró desprovisto. Me dio casi la impresión de estar en la calle. Al jalar la palanca el agua inunda la base y las plataformas elevadas te mantienen al margen de la suciedad. La reserva de agua y la limpieza son las mismas, en una caja, en alto. Ahora ya los conozco, pero nunca he acabado de acostumbrarme, lo que sí es cierto es que así no hay diferencia entre baño de hombres y de mujeres y es más higiénico. Minimalismo sanitario demócrático, no se puede negar, pero sigue siendo raro encerrarse en el trono, sin trono.

Taxi BAC

Sube al taxi, nena,

los hombres te miran,

te quieren tomar

Monte dans le taxi, ma belle,

les hommes te regardent,

ils veulent te prendre

Spinetta, Cantata de puentes amarillos, Artaud (Pescado rabioso), 1971

Il est une heure du matin. Johanna a bien mis son réveil pour ne pas rater le rendez-vous du soir. Fraîche d’esprit et d’hiver, elle a marché d’un pas martial les cent vingt mètres qui la séparaient du métro. Elle était occupée pendant la semaine et ne prenait ce transport que lorsqu’elle faisait la fête. Elle a oublié la lunditude de la soirée et s’est retrouvée dans la rue.

Le taxi n’était pas une option financièrement convenable. Elle était responsable de la régie pour les amis qui l’attendaient. La solution la plus adéquate qui lui est venue à l’esprit a été de lever le doigt comme l’a fait Kerouac tant de fois. Sauf que Kerouac n’était pas une fille blonde en mini-jupe et manteau à Paris et il n’était pas allemand non plus.

Trois voitures ont défilé sans s’arrêter. La quatrième a répondu à l’appel :

  • Bonsoir, excusez-moi, vous pourriez m’emmener à Montmartre ? j’ai perdu le dernier métro et je dois y aller.

  • Vous demandez comme ça, a des inconnus, au milieu de la nuit de vous prendre dans leur voiture ?

  • Vous avez de la chance, a dit une deuxième voix en provenance du siège arrière, nous sommes de la BAC.

  • De la quoi ?

  • Des policiers, mademoiselle. Ce que vous faites est dangereux pour vous. Vous avez vraiment de la chance que ce soit nous et non pas quelqu’un d’autre.

  • Vous êtes des policiers ? Pourquoi vous n’avez pas d’uniforme ? Et la voiture ? Ce n’est pas une voiture de flic.

  • On ne dit pas « flic », mademoiselle, on dit « policier » ou « forces de l’ordre », mais pas ce mot là.

  • Désolée, je suis en Erasmus et c’est le mot que j’écoute partout.

  • Ça arrive, ça arrive. Voici nos pièces d’identité.

Elle s’est penchée vers la porte pour les lire. Lire la suite