Botellita al mar

Bottle, Kristen Lepore, 2010

En el borde de tus aguas
hay un murmullo de sal,
son aladas tus espumas,
es salado tu cantar.
Hay flores en el mar.

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Jorge Drexler, Flores en el mar en Llueve, 1998

Una botellita al mar,

momento de billar cósmico

aparente caos estelar

que fue punto,

y va lejos hacia donde no sabemos

y que flota en su vacío

sobre algo que ignoramos.

La botellita también flota,

botellita con una flor,

no te pudras antes de llegar a puerto

o navega como las de Iemanjá.

Botellita seca,

Una uva pasa, un cascabel, Lire la suite

No me pidas que no sea un inconsciente (que hay demasiado motivo)

Por Oliverio Rozado

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No me pidas que no sea un inconsciente

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(en pdf para respetar el orden que le dio el escritor a sus palabras)

y el video más fresquito del autor con la banda Muerte Chiquita, donde habla de nos narra de dónde salió el Kukulkán Blues Lire la suite

La moto maldita de Martinica

Me fui de Francia porque me estaba volviéndo misántropo. El mundo occidental y capitalista ofrece muy pocas posibilidades para aquellos que no quieren hacer “carrera” en cualquier medio. Es decir, para aquellos que quieren aprovechar la fortuna de vivir en un país en que existe un salario mínimo que te permite vivir decentemente, a condición de no vivir en París, y tener tiempo para hacer otras cosas como poemas, canciones y conciertos.

Llevaba varios años trabajando por temporadas en las estaciones alpinas de sky durante el invierno, y los centros recreativos durante el verano. Había abandonado toda pretención social. El rincón al fondo de la cocina, lavando los platos, me acomodaba a la perfección. Lejos de las miradas de los que se sienten especiales pagando caro por una comida barata para nutrir la ilusión de las vacaciones, me sentía a gusto. Podía llegar con la peor resaca del mundo, despeinado, mal fajado, con ojeras, o en la mejor forma de mi vida, a nadie le importaba un comino.

Durante la adolescencia, había sido un chico al que le gusta llamar la atención. La patineta y el rap llegaron entonces. Casi me vuelvo patinador profesional, con patrocinador y todo, antes de que mi madre me convenciera de que la universidad era mucho más racional. Me dijo que ya vería, que el mundo era cruento y que era mejor tener papeles que te permitieran jugar el juego. Una lesión hizo más fácil elegir la opción materna. Me quedé con el rap, al cual se sumó la poesía, cuando abandoné la patineta.

Al entrar a la universidad de Lyon, en la licenciatura de literatura francesa, seguía teniendo esa tendencia a querer llamar la atención, pero ya me daba pena alzar la voz para no decir nada, como toda la bola de pseudo intelectuales recién paridos del liceo. Empecé a concentrar esos deseos durante los momentos en que se lanza un texto con una base, y con un micrófono.

El rap no se enseñaba en la facultad, ni tampoco la escritura de poemas, sólo se hablaba de suposiciones sobre lo que tal o cual escritor quizo decir. Como la mayoría de esos escritores están muertos, los profesores nos contaban lo primero que les pasaba por la mente. Así me lo parecía entonces, y no me quedé para averiguar si era cierto o no. Eso de estar sentado mucho tiempo y en silencio, nunca se me dio muy bien, y las butacas de los auditorios no están ni acolchonadas. Razones para no seguir ahí, me sobraban. Lire la suite

Vitalidad desesperada

Yo fui educado con odio
y odiaba la humanidad
un día me fui con los hippies y
tuve un amor y también mucho más.

Ahora no estoy más tranquilo,
y ¿por qué tendría que estar?
Todos crecimos sin entender
y todavía me siento un anormal.

Hoy pasó el tiempo,
demoliendo hoteles
mientras los plomos juntan los cables
cazan rehenes.

Charly García, Demoliendo hoteles, Piano Bar, 1984.

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Il ne me reste que cela,

une vitalité désespérée.

Passolini, cité par Bachelard, conférence sur L’air et les songes, 1943

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Eso es lo que queda,

aventarse contra las paredes,

intentando salir, pero no puedes,

porque hay una puerta,

pero está cerrada,

hay amarras,

aunque los nudos no se vean,

aunque haya cuatro muros blancos

y un trampolín de piso,

hay un techo que no te deja volar,

y habrá que romperlo a dentelladas,

con los puños o a patadas,

Porque es un hotel lleno de dentistas

que te quieren sacar todas la muelas,

todos los sueños con sacacorchos,

tratando de adormecerte con el cloroformo

de una vida de trabajo

para comprar cosas inútiles,

que muchas veces ni siquiera se pueden tocar;

o bien negándote la posibilidad

de pagarte tu pan

para que, mientras buscas la plata,

no salgas de esa pieza

con tus ideas de carnavales,

de justicias, de delicias de mejores días,

sin miserias innecesarias, ni hambres,

ni hombres que quieren todo,

para que los otros no tengan nada,

y ser ellos los reyes.

El que ha hecho daño, lo sabe,

y teme sobre todo la venganza,

regicidio,

la esperanza

de los otros,

de verlo morir,

de verse volar

y poder comer. Lire la suite