Waltz por un sex

Por OLIVERIO ROZADO

A los muertes, que hacen vivir…

Y a ella, quien evita que mueran.

No necesito una amante ahora,

déjame tranquilo…
no me sigas, no me tientes,

no me digas que te desvista,

no” (José Cruz)

I

Tramadol

Olvidamos las muletas cerca de Coatzacoalcos. ¿Cómo un lisiado puede olvidar sus propias muletas? No imagino los pensamientos del mortal que se las encontró: « atropellaron a un desvalido”, o “asaltaron a un paralítico« ; y en el periódico matutino: « no se encuentra el cuerpo del discapacitado, se sospecha secuestro”.

Como el viaje ameritaba, por la distancia y su especial motivo, parar en cada Oxxo por cerveza y whisky para rellenar la hielera, obvio teníamos que bajar a orinar y estirar las piernas unos minutos a cada rato. Fue cuando a Martín, pasándole las muletas por el toldo del auto, le recordé hacer la maniobra que habíamos hecho durante siete horas para acomodar las muletas de su lado, Álvaro, siempre al pendiente de todo, hizo lo propio con Valdos. Yo no podía acomodarlas de mi lado porque le estorbarían al piloto y tenía que acomodar mi pierna derecha estirándola sobre el hueco del freno de mano. Todos cerramos las puertas, arrancamos y seguimos cantando. Doscientos kilómetros más adelante, a la hora de descargar el líquido sagrado, ¿y las muletas?, se habían quedado arriba del auto.

 

Oli, preocupadísimo porque no tiene muletas

Nos quedamos viendo en silencio por dos segundos, con incertidumbre, pero inmediatamente miramos hacia el frente: este mínimo percance, pequeño descuido, llámese distracción eufórica, no nos iba a arruinar el resto del camino; ahora tendríamos que reír con más ganas y cantar con más fuerza: nos esperaba una espléndida recta en carretera. Ya veríamos de dónde sonsacábamos otras muletas, a fin de cuentas tenía tres amigos de quien me podía apoyar aunque se quejaran.

Después de un amanecer, quinientas canciones, un atardecer y un bloqueo zapatista a las afueras de San Cristobal, llegamos a Comitán, Chiapas. Ya con nuevas muletas y lejos de querer seguir la fiesta, preferí quedarme en hotel a descansar y hacer mi rehabilitación con agua hirviendo en la hielera de los whiskies, mientras me tomaba el último, para estar con todo al día siguiente; los otros tres de la banda optaron por salir y aprovechar el resto de la noche; después me enteré que hubo hasta ligues. Yo solo en mis sueños escuchaba “tramadol, tramadol, tramadol”, no dudo que Valdos cantaba muy a su estilo y con todas sus vísceras “rockanrol, rockanrol”. Que más adelante les contaré, es casi lo mismo.

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